Por Elena Aldecoa, AFPF

Invertir en la educación de los jóvenes y las adolescentes es fundamental para el desarrollo de una nación y para romper el círculo de pobreza en el que viven. En Nicaragua sólo el 20% de los niños y niñas que terminan la educación primaria continúan sus estudios, muchas veces debido a la situación de pobreza en la que viven o por la falta de acceso a escuelas secundarias. Además, muchos niños y niñas tienen que trabajar para contribuir con la economía familiar.

Fabretto es consciente de las circunstancias que rodean a nuestros estudiantes. Es por ello que gracias a aliados como la Fundación Comparte y el Ayuntamiento de Barcelona, Fabretto implementa programas de educación secundaria de calidad adaptados a la realidad de estos jóvenes. El Programa de Educación Secundaria Rural –SAT busca empoderar a los jóvenes de las zonas más vulnerables a través de formación en iniciativas productivas o pequeños negocios. De esta forma, los jóvenes tienen la oportunidad de buscar una alternativa que genere ingresos para su familia y mejore el tejido económico y social de la comunidad.

En el marco del proyecto “Jóvenes y mujeres contribuyen a mejorar el tejido económico y productivo de su localidad, aprendiendo y emprendiendo en Managua, Nicaragua” financiado por Ayuntamiento de Barcelona, 330 jóvenes de San Isidro de Bolas y del barrio Acahualinca en Managua, están recibiendo la formación técnica y especializada para que puedan emprender y gestionar su propio negocio en un futuro cercano.

Hasta la fecha, 25 jóvenes han puesto en marcha su iniciativa y ya están vendiendo sus productos en la comunidad. El pasado mes de Diciembre, estudiantes beneficiarios del proyecto realizaron una feria comunitaria donde mostraron y vendieron sus productos.

Gracias a este proyecto, 50 mujeres del barrio Acahualinca, ubicado en las inmediaciones donde se situaba el vertedero de “La Chureca”, han tenido la oportunidad de acceder a formación técnica y de planes de negocio. En esta zona de Managua, una de las más castigadas por la pobreza, únicamente un 37% de los jóvenes entre las edades de 15 a 19 años, ha recibido capacitación técnica o laboral. Es por esto, que este proyecto tendrá un impacto significativo en la vida de estas mujeres, ya que ayudará a mejorar las condiciones económicas de sus familias y a mejorar la calidad de empleo a través de formación en iniciativas de negocio.

Sin duda, con educación y proyectos como éstos, un futuro más justo para las próximas generaciones es posible.

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